Alfredo Ramos Martínez, “El pintor de las melancolías de México” que permanece en la sombra


La Revolución Mexicana es una de las etapas que más ha marcado la vida de nuestro país, ya que tras su consumación se aceleró el proceso de consolidación de nuestra identidad. Para ello, artistas e intelectuales excavaron en los sentimientos y la imaginación colectiva de los mexicanos, con el objeto de conocer su esencia y utilizarla como fundamento para la formación de una comunidad nacional. Uno de estos artistas fue Alfredo Ramos Martínez, pintor nacido en Monterrey que trascendió como el “Padre del Arte Moderno” de México.

Ramos Martínez nació un 1871 y desde los 14 años mostró un gran talento para la pintura, cuando su retrato del gobernador de Nuevo León fue premiado en San Antonio, Texas. Gracias a lo anterior, obtuvo una beca para estudiar en la Academia de Bellas Artes en la Ciudad de México. Migró junto a su familia y se estableció en Coyoacán, en ese entonces considerado un pueblo. Pese a su ingreso a la Academia, Ramos nunca se adaptó a la burocracia institucional ni a las aulas, apelando por una creatividad libre.


En 1899 viajó a Francia para continuar sus estudios en pintura, donde la comunidad mexicana lo consideró un gran artista en potencia. El viaje fue resultado de la visita de oficial Phoebe Apperson Hearst, madre de W. Randolph Hearst, el magnate periodístico norteamericano, a quien Porfirio Díaz ofreció una cena. Para el menú se le solicitó a Ramos que pintara cada una de las cartas. La obra dejó asombrada a Apperson, quien le confirió la beca al joven artista.


Amistad entre genios: Alfredo Ramos Martínez y Ruben Darío

Ramos Martínez se adaptó inmediatamente al mundo parisino, ya que dominaba el idioma francés. También coincidió con una gran cantidad de intelectuales latinoamericanos, entre ellos Rubén Darío, con quien mantuvo una profunda amistad. El nicaragüense –que ya era un poeta consagrado–, invitó a Ramos Martínez a tertulias y reuniones de intelectuales parisino, a las que asistían personajes de renombre como Pablo Picasso, Claude Monet, Henri Matisse, Joaquín Sorolla y Auguste Rodin.

“Alfredo Ramos Martínez no copia, sino interpreta. Él expresará la tristeza de los pescadores, la melancolía de las aldeas…”. Expresaba Rubén Darío sobre la obra de Alfredo Ramos Martínez.

En 1905, la obra de Alfredo Ramos Martínez se expone en el Salon d’ Automne (Salón Anual de Otoño), donde sus obras destacan por su temática naturaleza-mitología. Ese mismo año se le otorga la medalla de oro en la exposición por su obra Le Printemps (La Primavera). Tras este evento, termina su temporada como becario.


La Revolución Mexicana en el ojo del artista

El estallido de los movimientos sociales provocaron que Ramos decidiera regresar a México en 1909, donde fue nombrado subdirector de la ENBA. A diferencia de Diego Rivera, Alfredo Ramos Martínez vivió el inicio de la Revolución Mexicana como testigo presencial. La violencia, las ideologías, los movimientos sociales y la lucha armada se depositan de forma directa en la obra de Ramos, quien como mencionaba Darío, interpretó y expresó la melancolía de un pueblo ensangrentado.


Otras de las venas que fluyeron por la obra de Alfredo Ramos Martínez fueron las del indigenismo y el nacionalismo revolucionario, movimientos que cobraban una nueva conciencia sobre el pasado indígena y reconocían la dignidad de las expresiones populares.

Por una creatividad libre

Poco antes de ser ascendido a director de la ENBA, Ramos Martínez viajó a España para reunirse con Ruben Darío, siendo la última vez que estaría juntos, pues Ramos no quería perderse del proceso de transformación que sufría su país. Luego volvió a México para montar una exposición individual con motivo del Centenario de la Independencia de México.


Tras la muestra, los trabajadores de la ENBA se declararon en huelga, acto que Ramos secundó como desafío al régimen porfirista. Gracias a este acto, el 30 de agosto de 1911 Ramos es designado director de la ENBA con apoyo de los trabajadores.


Entre sus primeras acciones se encontró la fundación de la Escuela al Aire Libre en Santa Anita Ixtapalapa, deuda personal de su época de estudiante. El fundamento ideológico de dicha institución era “permitir a los alumnos seguir su inclinación propia.., y respetar en el discípulo su propia manera de ver, pensar e interpretar sus visiones.” Su papel como pedagogo eclipsó su trabajo como pintor hasta 1914, época en que fue despedido y reemplazado por Dr. Atl, uno de sus férreos detractores.

Posteriormente, Ramos Martínez funda una segunda Escuela al Aire Libre en Coyoacán y retoma su trabajo como pintor. Gracias a ello y a lo innovador de sus técnicas, Ramos es nuevamente designado director de la ENBA en 1920, expandiendo la Escuela de Pintura al Aire Libre de la mano de instructores de la altura de Rufino Tamayo y Fernando Leal.



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